Un nuevo comienzo

Un nuevo comienzo sucede cada final de año, cada cumpleaños, cada etapa de nuestra vida. Este es el nuevo comienzo que estábamos esperando, el momento a partir del cual vamos a hacer las cosas que queremos, como queremos , a conseguir los objetivos que nos marcamos y ser consecuentes con lo que estamos buscando. ¿Cuántos nuevos comienzos necesitamos para darnos cuenta de que el comienzo es este instante? ¿De que este es el momento, y no otro? Tan sólo tenemos que coger un instante y decidir hacerlo nuestro. Seguir el camino sin pensar, sabiendo el destino, conociendo los pasos, sin dudar de nosotros mismos. El objetivo es el camino, tú eres el destino, y cada paso que des siempre será hacia adelante

Cómo haces una cosa es cómo haces todas las cosas.

Esta frase lleva dando vueltas en mi cabeza unos días. Si limpias una mesa a medias, o pintas un cuadro a medias, aprendes una canción a medias, vivirás una vida a medias. Tómate tu tiempo para hacer bien las cosas. Al fin y al cabo, estás regalándote a tu yo futuro el recuerdo de haber sido disciplinado, de haber hecho algo bien, aunque fuera una pequeña cosa. Sin abandonar, sin dudar, sin protestar. La mayoría de la gente que tiene éxito se limita a eso, hacer lo que sabe hacer, sin protestas, sin distracciones, sin peros. Todo el tiempo que estés hablando de cómo algo es difícil, o de que necesitas un descanso, o de que… de cualquier cosa, no estás avanzando en tu objetivo. Está bien comentar, debatir, sugerir, observar, reflexionar, etc, pero siempre hacia adelante, no con ideas tóxicas que nos frenen.

¿Hablamos de motivación o disciplina? A veces te gusta algo y lo empiezas, lo estudias, lo trabajas, lo mueves, y tras unos días pierdes el interés. Puede que llegaras al punto de la obsesión, a dedicar horas y horas sin distracciones a conseguir lo que quieres. Movido por la motivación, que hace que todo esfuerzo se difumine y desaparezca, por el placer de hacer algo y la satisfacción de cumplir con lo que quieres. Pero llega algo diferente y te distraes, o te desmotivas. Ahí entra la disciplina. ¿Por qué estaba ahí la motivación? Porque debe ser algo importante, algo que quieres. Pero te desinflas. No hay nada malo en tomar un descanso, en dar un paso atrás para contemplar tu obra y ver si lo que has hecho es lo que quieres hacer. No hay nada malo en cortar lazos contigo mismo y abandonar un proyecto si ves que no tiene sentido. Pero ten la disciplina de no poner excusas. Los motivos tienen que ser razonados y razonables. No hay nada difícil, lo difícil se hace. No hay nada imposible, lo imposible se intenta, hasta que deje de serlo o hasta redefinir el objetivo o la propia palabra imposible.

No hay nada de malo en descansar.

Dejarlo todo cuando algo falla. Es tan típico. Hemos mantenido una dieta estricta y el bocado ocasional despierta una vorágine en la que comemos durante horas. Y nos desanimamos, y abandonamos nuestro objetivo de estar en forma, de hacer deporte, de tener buena planta. Si tuviéramos la disciplina de reflexionar, de analizar, de mirar con otro cristal, nos daríamos cuenta de que esa pausa, esa recaída, no solo no es perjudicial, sino beneficiosa. Un poco de información, y vemos que no sólo no es un fallo, sino que los atletas planifican esos momentos y los llaman refills, o recargas, y que el cuerpo necesita esos momentos para recuperarse y darte esa energía extra en el próximo intento. Es gracioso ver cómo se llenan los gimnasios en Enero. ¿Qué pasa con esa gente al cabo de unas semanas? ¿La vida les pasa? ¿Se lesionan todos? ¿Se desmotivan? Sencillamente priorizan otras cosas a estar en forma. Cosas por las que luego no se alegrarán, ni siquiera un poquito. Tú continúas adelante, sin pensarlo, porque es lo que quieres hacer y es la persona que quieres ser.

Sigue tu  plan contra viento y marea.

Y si tu plan no te sigue, cámbialo. Reestructura tus ideas, cambia tus objetivos. Divide et impera. Cambia una cosa cada vez, o más, pero escribe tus cambios para ayudar a conocerte. Demasiadas experiencias en el día, demasiados estímulos, mensajes, alarmas, anuncios, demasiadas variables. Al final del día tómate un momento para pensar, reflexionar sobre dónde estás y dónde quieres llegar. De este modo, podrás decidir por ti mismo si el camino es el adecuado. Tómatelo con calma, un día malo, una semana mala, un mes malo, lo pueden tener cualquiera. Se honesto contigo mismo y no te decepcionarás.

Prioridades, prioridades.

Podrías estar haciendo otra cosa ahora mismo. Podrías estar estudiando, o podrías estar viendo una serie. Podrías charlar, o sencillamente tumbarte con la mirada perdida en la televisión. Estás leyendo esto, frases bombardeadas para plantearte si es esto lo que quieres hacer. Selecciona una prioridad. Pon esa prioridad delante de cualquier cosa. Se consecuente, no te abandones a la comodidad, al sueño… si, al sueño si. El sueño te dice sencillamente que la máquina está lista para un descanso, tu descanso. Si cada día llegas agotado a la cama significa que has vivido plenamente, que te has esforzado, que estás luchando por tus prioridades. Y, al final, eso es lo que cuenta. Que hagas lo que quieras.

 

 

 

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