Cómo resolver las discusiones con tu pareja (3): la solución

En los dos primeros artículos de esta miniserie hemos hablado del análisis de las causas de las discusiones, de cómo enfocarlas para averiguar los motivos que nos llevan a ellas, y de su desarrollo, para que mantengamos la calma y busquemos un objetivo que nos enriquezca y sea positivo para los dos miembros de la pareja.

En este artículo, planteamos un puñado de soluciones efectivas para llevar a buen puerto esos momentos con nuestra pareja por los que todos pasamos y no tienen manual de instrucciones. Algunas serán más efectivas que otras, te toca a tí decidir qué estrategia aplicar en cada momento con tu pareja, y si te quedas sin recursos, ¡no olvides nuestro consultorio! También esperamos tus comentarios.

Vamos con nuestra lista de estrategias de acercamiento para las discusiones. Por supuesto, recuerda nuestro consejo en el segundo artículo, donde se menciona que la pareja debe ser lo más importante y que no debemos cuestionarla en ningún momento,  pues es la única forma de que la discusión sea constructiva. Debes aplicar estas técnicas en un momento en el que ambos puedan mantener la calma:

  • Centraros en el tema principal: si hace falta escribidlo, y no os salgáis de él, ni en temas ni en tiempo. Es normal empezar a hablar del pasado, de otras cosas que han pasado, etc. Llegar al acuerdo de que váis a hablar del aquí y ahora buscando una solución, para que la discusión sea lo más breve posible. Si hay más temas que hablar, podéis hablarlos en cuanto se enfríen los ánimos.  Además, centraros en el tema principal evita el efecto «bola de nieve» que hace que una discusión por lavar los platos termine en una ruptura de un par de días.
  • No generalices: habla de lo que sucede ahora, y no digas frases del tipo «porque tú siempre…». Esto hará que entréis en discusiones semánticas que no llevan a ninguna parte. Tampoco ataques personalmente con frases del tipo «Eres esto… o lo otro…». Céntrate en lo que ha hecho y no juzgues a la persona, recuerda que no hay nada que hiera más que ser juzgado injustamente, y a nadie le va a parecer justa una opinión negativa en una discusión.
  • Expresarnos en primera persona: hablar de «yo siento que, yo opino que» en lugar de «porque tú… y además tú…». Evitará que tu pareja se ponga a la defensiva y te escuche en lugar de buscar argumentos para contraatacar.
  • No leas la mente: si bien todos creemos que tenemos superpoderes para interpretar a nuestra pareja, o que conocemos tan bien a nuestra pareja que ya sabemos lo que está pensando, esta suposición es irritante y causa mucha tensión en la discusión. Si crees que está diciendo o expresando algo, parafrasea, es decir, repítelo con tus palabras, de forma que la otra persona te pueda confirmar si esa es la verdadera situación. En lugar de «así que piensas que soy un capullo, ¿no?», puedes decir, «quieres decir que te molestó lo que le dije a tu amiga». Igual la primera frase iba más cargada de tus ideas preconcebidas que lo que ha dicho tu pareja realmente.
  • Ver la luz al final del túnel: escucha atentamente, y si aún no lo sabes, pregunta con sinceridad, «¿cómo crees tú que podríamos solucionar este problema?» . Puede gustarte o no la solución que te ofrece tu pareja, aun así sabrás a qué punto quiere llegar y podrás buscar más fácilmente un acuerdo que si estás sencillamente buscando justificarte por el problema. Algunas veces te sorprenderá lo fácil que es contentar a tu pareja.
  • Minimizar la situación: esta es una técnica que puede funcionar muy bien para las pequeñas discusiones cotidianas. No te enfrentes directamente con frases del tipo «¿y por esto discutimos?», trata de ser más sutil y hacer ver que tampoco es para tanto, prueba una broma, algún gesto, guiño que sepas que va a hacer sonreír a tu pareja. Por ejemplo, si tardas mucho en prepararte, dale un beso y con tu mejor sonrisa dile «es que quiero estar guapa/o para tí», sabes que eso le desarmará. Soluciona el problema si se trata de algo que esté en tu mano, y hazlo de forma alegre, bromeando, en lugar de refunfuñar sobre tu obligación. Al fin y al cabo, si es algo pequeño y es la verdadera razón de la discusión, se terminará en un momento.
  • Posponer lo poco importante: esta técnica es similara a la anterior, pues te ayudará a que algo que parece crucial luego se vea con otra luz. Pídele un tiempo para poder pensar sobre ello, o arreglar lo que sea, y verás que algo que parecía grave a primera hora de la mañana se ha transformado en una tontería al mediodía, o que pasada una noche se ve todo con una luz más positiva y menos cansancio, y entonces podréis solucionarlo fácilmente. Has leído posponer, no eternizar, así que no hagas esperar demasiado a tu pareja o el problema puede acumularse con otros y ya sabes… granito a granito se hace una montaña. Además, esto debe de hacerse con tacto, con frases del tipo «ahora estoy un poco agobiado por la situación y necesito algo de tiempo para pensar, ¿te importaría si hablamos a las cinco?«, tu pareja lo comprenderá y además sabrá cuándo podréis hablar de nuevo para no agobiarse con sus propios pensamientos.
  • Buscar una tercera persona: si no podéis acordar algo, buscad a alguien de confianza con quien podáis comentar el tema de vuestra discusión. No hace falta que sea un profesional (si bien llegado el caso podéis plantearlo), sino un amigo/a que os escuche y trate de valorar vuestros argumentos de forma objetiva. A veces, basta con escucharnos decir las cosas a una tercera persona para encontrar la forma de solucionar los problemas. También sucederá en ocasiones que esa persona pueda «arbitrar» y proponer una solución conjunta que sea satisfactoria para los dos.

Esperamos haberos ayudado. Todos sabemos que, después de una discusión con tu pareja, existen un par de incentivos para reconciliaros de forma muy cariñosa, así que os dejamos, disfrutad y …. ¡hasta la próxima!

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